“Si una persona quiere aprender y te pregunta algo, explícaselo, en lugar de hacerla sentir tonta… Porque hace tiempo tu tampoco lo sabías”

Es correcta la apreciación, y de hecho, yo soy el primero que está a favor de difundir esa práctica, sin embargo, no en todos los casos podemos ser tan optimistas.

Dejando en claro que la primera condición es que la otra persona “quiera”, pero ¡¡aguas!! debe ser orgánico, genuino, no porque lo necesite, sino porque lo desea. Para mi ese es el requisito indispensable para aprender, luego entonces, ya veremos si el que enseña tiene didáctica o no (ese sería el segundo factor, aunque cubriendo el deseo, tienes el 80% del éxito).

Si en realidad no lo deseas, y solo “tienes que aprender” tienes el 90% del fracaso asegurado, muy pocos casos he conocido de personas que desarrollan el deseo de aprender a partir de la base de que “tienen que hacerlo”, no digo que es imposible, sino que es muy poco frecuente.

Dicho lo anterior, y asumiendo que la persona tenga la disposición y el deseo de aprender, como decía, ya estamos prácticamente del otro lado, puesto que el que aprende buscará retener la mayor cantidad de información y convertirlo en conocimiento, utilizando métodos y técnicas para ello, documentar la información, hacer inferencias, hipótesis, comprobarlas, plantear dudas, etc. Pero todo desde la construcción de su propio conocimiento, del cual es responsable, salvo quizás por no saber el alcance de lo que aprenderá (a decir verdad, pocos sabemos en donde termina esa línea, o podríamos decir que nadie lo sabe en la generalidad).

Por otro lado, el que enseña, también tiene el camino mucho más definido, sabe que es lo que necesita enseñar y como necesita hacerlo, sí, también hay garbanzos de a libra para quienes pareciera que nacieron con la didáctica transpirando por todos sus poros, la verdad es que esos casos también son rarísimos, casi todos nos topamos con personas que en el mejor de los casos, intentan hacer lo mejor que pueden, porque tienen un compromiso con la tarea docente (ojo, no necesariamente son “maestros”), por lo que también hay un desarrollo de cierto “proceso” de retroalimentación, que también debe ser orgánico, sobre lo que transmitimos y como el “alumno” lo recibe, con correcciones si han de aplicarse.

El proceso enseñanza-aprendizaje en lo personal, siempre me ha parecido una de las grandes maravillas del ser humano, con padres que dedicaron su vida a enseñar generaciones de alumnos en grado de primaria, de ver el trabajo que verdaderamente demanda y que no siempre es perfecto, (vamos, humanos enseñando a humanos, evidentemente se transmiten filias y fobias, aciertos y errores), pero ese compromiso de perfeccionar las formas es como se va tratando de mejorar cada día, un oficio muy noble, pero que requiere de dos para sacar todo su potencial el que transmite y el que recibe.

Lamentablemente, en lo personal, confieso un vicio, que es querer que las personas se tomen en serio la labor de aprender, y obviamente, contadas son las ocasiones en que me encuentro con “potencial” para llegar más alto, y es hasta cierto punto natural, aprender requiere dedicación y esfuerzo, tiempo, energías, disposición, en los días que corren, pocas veces estamos dispuestos a entregar cualquiera de esos elementos en pro de aprender algo, es por eso que se vuelve crucial, cambiar ese mindset de que el proceso de enseñanza-aprendizaje es algo acotado a la educación formal, necesitamos transformar esa mentalidad hacia el aprendizaje continuo y a largo plazo (para toda la vida pues), y la única forma de hacer algo así, es incorporarlo en lo más profundo de nuestra personalidad, que viva con nosotros cada día de nuestra existencia, hacerlo solo por obligación, definitivamente es el peor método para obtener lo resultados que buscamos, y más en el terreno laboral, se debe dejar la idea de que la educación solo es válida si nos lleva a ganar más dinero, la educación no debería verse solo como un medio para llegar a un fin, sino un fin en sí mismo, la capacidad para resolver problemas complejo, desarrollar soluciones creativas, disfrutar y entender el mundo que nos rodea, eventualmente, todo eso trae su recompensa material, en el trabajo o fuera de él.

Nadie nació con el saber que ahora tiene, y es por eso que debemos respetar el esfuerzo de quienes han adquirido mucho o poco conocimiento, construyendo redes de aprendizaje, y no solo redes utilitarias para resolver problemas de corto plazo que no desarrollan ninguna habilidad en el aprendiz.

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