Ya está disponible la temporada 2 de “After Life: Más allá de mi mujer

Recuerdo haber escrito algo respecto a la temporada 1 pero no encontré nada en el blog, así que seguro lo soñé.

En fin, en resumen, es un producto más en el que está envuelto Ricky Gervais, que a mi parecer, es un genio en todo lo que hace, es raro, pero realmente ha despertado mi admiración y básicamente creo que cualquier cosa en la que lo veamos, es garantía de que te hará reflexionar -reir y/o llorar también-.

Llevo dos capítulos de la segunda temporada y en cada uno de ellos hay cierto momento en que te golpea con una reflexión (o varias), sobre la vida y la sociedad (particularmente la británica, pero creo que es aplicable para casi cualquiera).

Creo que empatizo con él, porque en parte soy como él, a veces, no soporto

“No es que no pueda hacer algo, es que no es divertido sin ella”.

“Las personas piensan que las cosas que extraño hacer con Lisa, las puedo hacer sin ella, y me sentiría mejor, pero, no entienden la cuestión; no extraño hacer cosas con Lisa, extraño no hacer nada, con Lisa. ¿Me entiendes? solo estar en casa, no tener que salir, ni hacer nada, ni siquiera hablar, ya sabes, solo sentarnos y saber que ella estaba ahí… tiendo mucho a repensarlo”.

Y es que, parte de lo que me gusta de la serie, es que pone foco en como vives por ti, por otros, para otros, y de otros. De lo patético que a veces pueden ser las relaciones interpersonales, de amor, de amistad, de trabajo, pero, que, al mismo tiempo, hay cosas que todas pueden aportar y que a veces, sin pensarlo, las descubres un día cualquiera, mientras tomas un café, mientras tienes una conversación con alguien a quien amas, u odias. Lo estúpidamente desgastante que es querer darle gusto a todos, y también lo estúpidamente desgastante que es no querer hacerlo.

Al final, cada minuto de cada capítulo, es un recordatorio de que estamos atrapados en una búsqueda constante de cualquier sentido de estar aquí, ahora, con las personas que nos tocó estar, familia, amigos, amantes. Y aún así, me vuelve a despertar el hambre por conocer a todas esas personas mucho más, seguir descubriendo las perlas que esconden en su interior, los gestos, miradas, mentiras, secretos, amores, intereses, y sobre todo, lo que los hace ser felices (o infelices), me encanta descubrir y aprender todo lo que pueda de todos los que pueda.

Quiero seguir haciendo cosas, pero sobre todo, quiero que vuelva a ser divertido hacerlas. Y cada día se vuelve menos divertido cualquier cosa. Uno crece, empieza a degradarse y a mirar más tiempo al pasado que al futuro, a tener remordimientos, deseos incumplidos, cosas pendientes que no hicimos, palabras que no dijimos, abrazos que no dimos, despedidas que no tuvimos.

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